
Martín Chirino
Las Palmas de Gran Canaria, 1935 - Madrid, 2021
Martín Chirino fue uno de los escultores más relevantes de la segunda mitad del siglo XX en España. Reconocido internacionalmente por su dominio del hierro y su capacidad para fusionar la tradición escultórica con una visión innovadora y contemporánea, su obra ha trascendido fronteras y continúa siendo una de las más representativas del arte moderno en España.
Chirino nació en Las Palmas de Gran Canaria y desde joven mostró interés por la escultura. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal y, más tarde, en Madrid, donde se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. A finales de los años 50, se trasladó a París, donde tuvo contacto con los movimientos vanguardistas de la época. Durante su estancia en la capital francesa, fue influenciado por la escultura abstracta y los movimientos minimalistas, lo que marcó un punto de inflexión en su obra.
En 1958, Chirino fundó junto a otros artistas canarios el grupo "Los Canarios", que fue crucial en la introducción de la modernidad en el arte de las Islas Canarias. Este grupo se comprometió con una visión renovadora de la escultura, alejándose de las influencias clásicas y tradicionales y apostando por el desarrollo de un lenguaje artístico que fusionara las formas geométricas con el trabajo de la materia.
El trabajo de Chirino está profundamente marcado por la relación entre el espacio y la materia, especialmente el hierro, que se convirtió en su material predilecto. Entre sus obras más emblemáticas destacan las series de "Agujeros Negros" y las "espirales". Las primeras, con su forma abierta y dinámica, evocan la noción del vacío y la energía, mientras que las segundas, cargadas de simbolismo, están relacionadas con la naturaleza y el movimiento. Estos elementos, que exploran las conexiones entre el arte, la ciencia y la naturaleza, le permitieron a Chirino hacerse un nombre en la escultura contemporánea, transformando un material tan rígido como el hierro en formas fluidas y orgánicas.
A lo largo de su carrera, Chirino no solo exploró la escultura, sino que también trabajó en proyectos de escultura monumental, intervenciones públicas y exposiciones colectivas que lo llevaron a exponer en instituciones internacionales de prestigio. Entre ellas, destacan el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Fundación Martín Chirino en Las Palmas de Gran Canaria (donde se conserva una gran parte de su legado), y el Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca.
La obra de Chirino ha sido parte de numerosas colecciones públicas y privadas, y su estilo ha sido reconocido por su capacidad para integrar elementos de la cultura canaria con el arte contemporáneo. También destacó por su trabajo en escultura monumental, donde sus obras se han exhibido en diversos espacios urbanos de renombre internacional.
Martín Chirino recibió numerosos premios y distinciones a lo largo de su carrera. Entre ellos se destacan el Premio Nacional de Escultura en 1982, el Premio Canarias de Bellas Artes en 2011 y el Premio Tomás Francisco Prieto en 2018. En 2004, recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, un reconocimiento a su incansable contribución a las artes y su influencia en generaciones de artistas.
A pesar de su éxito internacional, Chirino nunca dejó de estar vinculado a su tierra natal. Su labor como educador y su dedicación a la promoción de las artes en Canarias dejaron una huella profunda en la cultura insular. Su obra sigue siendo estudiada y admirada por su capacidad para transformar el hierro en poesía visual, sus formas metálicas que vibran con la energía del espacio y su mirada visionaria que conecta el arte con la naturaleza y la historia.
Martín Chirino falleció en Madrid en 2021, dejando un legado imborrable en el arte contemporáneo y una profunda influencia en el panorama escultórico español e internacional.

José Pedro Croft
Oporto, Portugal, 1957
José Pedro Croft es un destacado artista portugués cuya obra abarca diversas disciplinas, siendo particularmente reconocido por su exploración de la escultura, el dibujo y el grabado. Su trabajo ha sido clave en la redefinición de la escultura contemporánea portuguesa, pero también ha dejado una profunda huella en el mundo del grabado, donde ha experimentado con técnicas tradicionales y contemporáneas para crear piezas que exploran la relación entre el espacio, la geometría y la luz.
Croft comenzó su formación artística en el Instituto de Arte de Oporto y continuó en la Escuela Superior de Bellas Artes de Lisboa. Aunque se formó inicialmente en pintura y escultura, fue en el grabado donde encontró un campo especialmente fértil para su experimentación. Desde sus primeros trabajos, se sintió atraído por la capacidad del grabado para reinterpretar el espacio y las formas, elementos que ya formaban parte de su obra escultórica. Su aproximación al grabado es única, pues combina las influencias de la abstracción geométrica con una sensibilidad particular por la materia y la textura.
Su producción gráfica abarca una amplia variedad de técnicas, desde el aguafuerte, aguatinta y litografía, hasta innovaciones propias que exploran la interacción entre la forma y el espacio. En sus grabados, Croft ha logrado crear composiciones complejas en las que las líneas y las formas geométricas se entrelazan y se despliegan, generando una atmósfera dinámica, casi arquitectónica. Al igual que en su escultura, en el grabado Croft se interesa profundamente por la relación entre el vacío y la forma, y cómo la luz puede transformar la percepción de una imagen bidimensional. Su habilidad para manejar las sombras y los contrastes en la superficie del papel le permite dar a sus obras un carácter tridimensional, como si estuvieran emergiendo del plano.
A lo largo de su carrera, Croft ha producido una serie de series gráficas que han sido exhibidas en importantes galerías y museos, destacando no solo por la maestría técnica, sino también por la profundidad conceptual de sus obras. Entre sus series más conocidas se encuentran "Países Imaginarios", que refleja su interés por la creación de paisajes y estructuras abstractas, y "Arquitectura del Tiempo", donde juega con la repetición y la variación, características del grabado, para evocar la idea del paso del tiempo.
Además de su trabajo en la creación de obras individuales, Croft ha sido comisario de proyectos gráficos y ha trabajado en colaboraciones con otros artistas, fomentando el grabado como un medio de expresión que, si bien tiene sus raíces en la tradición, también puede evolucionar hacia nuevos territorios experimentales. Su labor en el grabado le ha valido el reconocimiento tanto dentro de Portugal como en el ámbito internacional, y ha sido objeto de exposiciones y proyectos específicos en torno a este medio.
En cuanto a sus exposiciones de grabado, destacan aquellas organizadas en instituciones como el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Lisboa, la Fundação Serralves en Oporto y el Museo de Arte de Oporto, donde su obra ha sido objeto de retrospectivas y exposiciones dedicadas al grabado como una de las facetas clave de su producción artística.
A lo largo de su carrera, José Pedro Croft ha combinado el grabado con la escultura monumental y la instalación, creando intervenciones que exploran la relación entre la obra y el espacio en el que se presenta, ya sea en el entorno urbano o en la galería. Su faceta como grabador ha sido un complemento perfecto a su producción escultórica, enriqueciendo la experiencia del espectador a través de la interacción de la forma, el espacio y la luz, elementos fundamentales en su universo artístico.

José María Sicilia
Madrid, 1954
José María Sicilia Fernández-Shaw es un artista español cuya obra transita entre lo contemplativo y lo experimental, reconocido por su investigación constante de la luz, la materia y el espacio. Nacido en Madrid en 1954, comenzó sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de San Fernando